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Madres Malas

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Preguntas sobre la crianza

Éstas son algunas preguntas sobre la crianza de los hijos que pueden surgir a la hora de ser padre.
1) ¿Por qué aparece el miedo en la tarea de criar a los hijos?
-Si bien el miedo es un aspecto normal y útil de la vida (ya que nos señala lo que es peligroso), en nuestra cultura aparece como elemento a veces único para evaluar las circunstancias. Esto hace que a la crianza eso sea negativo porque los padres, cuando sólo reaccionan desde el miedo, olvidan virtudes como la confianza, el coraje y la posibilidad de disfrutar de la vida, dejando de pensar y percibir y tan sólo reaccionando automáticamente con angustia ante la creciente autonomía de los hijos.

2) ¿Qué papel ocupa la televisión en el proceso de crecimiento del niño?
-La TV tiene una compleja y muy importante inserción en la vida de la familia. Cuando pretende suplir las funciones parentales se torna negativa. Asimismo, genera una noción de pertenencia porque los niños ven los mismos programas y luego hablan de los mismos. En ocasiones, la TV hace las veces de "colchón" e inclusive de anestésico frente a los problemas que una familia pudiera tener. En esos casos, es un peligroso refugio a través el cual se barre bajo la alfombra el mundo emocional y suele usarse como una suerte de ansiolítico.

3) ¿Cuándo el miedo puede llegar a ser algo beneficioso para la crianza y cuándo es negativo?
-El miedo es positivo cuando es el primer paso del coraje, ya que ayuda a identificar lo que es peligroso. Es negativo cuando se torna en ideología y método de pensamiento único, ya que genera paranoia y es propiciatorio de una gran angustia en los chicos que sienten que el mundo es sólo un peligro, sin ningún aspecto hospitalario y gozoso.

4) Si planteamos la situación desde otro punto de vista, ¿cuáles son los miedos que los hijos experimentan respecto de sus padres?
-Los hijos tienen miedo del miedo de sus padres. Ese es un miedo primordial. En la Segunda Guerra Mundial, los niños cuyas madres estaban serenas cuando su ciudad era bombardeada se mantenían a su vez serenos.
“Los que sus madres perdían el temple ante el peligro, sufrían de manera angustiante. Esto se debe a que para ellos los padres son fuente de vida y confianza, y no de temor como única manera de vérselas con las cosas de la vida.

5) ¿Cuáles son las consecuencias que sufre el chico cuando es criado con miedo?
-Tiene miedo a su vez, y para soslayarlo puede llegar a tener conductas peligrosas, sobre todo llegada la adolescencia.

6) ¿Existe diferencia de crianza (en cuanto a los temores) entre familias de diferentes clases sociales económicas?
-Existen diferencias de formas, pero en toda clase social existen padres que crían dominados excesivamente por el miedo y otros que a ese miedo le agregan confianza y coraje para vérselas con el día a día.

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Cómo y cuándo poner límites a los hijos

"En la confrontación generacional, el joven aprende a ejercitar su libertad"
Lo afirma una psicóloga de la UBA, especialista en niños y adolescentes
"Yo quiero vivir mi vida, no te metas", "vos no entendés nada", "me puse un arito en el ombligo". El adolescente desafía, quiere ir más allá de lo permitido, prueba, presiona, tironea. Los adultos se inquietan ante el avance del joven; quieren cuidarlo, pero no saben cómo.
¿Qué ha ocurrido con ese niño obediente que era hasta hace poco?
Está descubriendo que sus padres ya no son esos seres perfectos y todopoderosos que él creía en su infancia, y ese descubrimiento lo llena de miedos y desamparo.
Cuando los jóvenes acusan y provocan están diciéndonos que los hemos traicionado en sus expectativas infantiles, e implícitamente nos dicen que necesitan saber hasta dónde llegar. Decir "no" o "basta" implica que nos hacemos cargo de lo que pueden y no pueden hacer nuestros hijos.
Los padres, concesivos y temerosos de perder el amor de sus hijos, los dejan desamparados, librados a sus propios impulsos. Que les impidamos concurrir a lugares que consideramos peligrosos o seguir conductas que no les convienen en el momento puede molestar, pero, como un abrazo fuerte, a la larga contiene y tranquiliza.
Cuando los padres se ubican como "amigos" del hijo y se pierde la palabra con la cual acordar o disentir, lo dejan huérfano. No hay diferencia generacional y esto no permite el desprendimiento que el joven debe hacer para convertirse en adulto.
¿Cómo hago para diferenciarme de padres que se ubican en el lugar de pares?
Muchas veces se asocia la palabra "límite" con autoritarismo o falta de libertad, y, después de generaciones de sometimiento en la educación, en los últimos años los padres temen ser autoritarios. Además, para ejercer un lugar de autoridad es necesario haberlo ejercido desde que los hijos son pequeños. Pero ahora ya no alcanza con decir solamente: "Yo mando porque soy tu padre", como cuando eran niños. Los jóvenes juzgan a sus mayores, cuestionan qué hicieron en su vida, buscan coherencias y desajustes.

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Tipos de Padres

Si admitimos que hay una fuerte influencia de los padres en los hijos, es lógico suponer que, en función de sus prácticas educativas, se manifiesten diferencias individuales entre los niños, en sus características de personalidad y socialización.
El comportamiento educativo predominante de la mayor parte de los padres se asemeja a alguno de los tres estilos educativos principales que señalan los psicólogos.
Si bien es cierto que rara vez, los padres encajarán del todo en uno de estos patrones:

Padres autoritarios

Son aquellos que exigen obediencia a su autoridad y son partidarios del uso del castigo y la disciplina para controlar los comportamientos que no se consideran correctos. Son padres del "porque lo digo yo", que no facilitan el diálogo en la familia, poco comunicativos y poco afectuosos.
Sus hijos serán obedientes, pero:
• Suelen ser más tímidos y poco tenaces a la hora de perseguir metas.
• Actúan influidos por el premio o el castigo que va a recibir su comportamiento. Por ejemplo, no saludan a un adulto porque lo deseen o quieran manifestarle su afecto, sino porque si no lo hacen, serán castigados o recriminados.
• Tienen una baja autoestima debido a que se ven así mismos como responsables de sus éxitos o fracasos.
• La falta de diálogo en sus hogares hace que los hijos tiendan con frecuencia a ser poco alegres, infelices, irritables y vulnerables a las tensiones.

Padres permisivos

Son padres con una actitud general positiva hacia el comportamiento del niño; aceptan sus conductas, deseos e impulsos, y usan poco el castigo. Acostumbran a consultar al niño sobre las decisiones que afectan a la familia. Sin embargo, no le exigen responsabilidades ni orden. Permiten que el niño se autoorganice al máximo, no existiendo a menudo normas que estructuren la vida cotidiana (por ejemplo: tiempo de ver la televisión u hora de acostarse). Utilizan el razonamiento, pero rechazan el poder y el control sobre el niño.
Sus hijos, debido fundamentalmente al bajo nivel de exigencias y control al que se enfrentan, tienden a:
• Tener problemas para controlar sus impulsos.
• Tener dificultades a la hora de asumir responsabilidades.
• Ser inmaduros y con baja autoestima.
• Sin embargo, son más alegres y vitales que los niños de padres autoritarios.

Padres democráticos

Son padres afectuosos, que refuerzan con frecuencia el comportamiento del niño e intentan evitar el castigo; son también más sensibles a las peticiones de los niños. Sin embargo, no son padres indulgentes con sus hijos, más bien al contrario, les controlan y dirigen, pero son conscientes de sus sentimientos, puntos de vista y capacidades evolutivas. A menudo, además, les explican las razones que han originado un control o castigo. No ceden ante los lloros; gimoteos o impertinencias, pero es posible que cambien de postura tras escuchar los argumentos que el niño les ofrece. Además, plantean a los niños exigencias de madurez e independencia.
Los hijos de estos padres son los que muestran características más deseables en nuestra cultura y se caracterizan por:
• Tener niveles de autocontrol y autoestima.
• Ser capaces de afrontar situaciones nuevas con confianza e iniciativa.
• Ser persistentes en lo que inician
• Ser niños que se relacionan fácilmente con otros, independientes y cariñosos.
• Poseer criterios personales acerca de cuestiones morales (sus opiniones han sido elaboradas por ellos).

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